¿Qué tienen en común la NASA, la Academia Chilena de Ciencias, la Sociedad Canadiense de Zoólogos y Bill Gates?

Todos ellos afirman que el cambio climático ha sido causado por la actividad humana y que es una amenaza grave, así como también lo aseguran la gran mayoría de los científicos del clima que publican activamente.

El debate sobre si el cambio climático es o no una realidad ha terminado. Pero aunque esto sea inevitable, nuestra respuesta ante él no lo es.

En Atlas Renewable Energy, creemos que el cambio climático representa la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad hoy en día y se requiere una acción inmediata para revertir esta alarmante tendencia. A su vez, hay razones para ser cautelosamente optimistas sobre la nueva oportunidad de enderezar el rumbo. Aquí está el por qué.

LA INNOVACIÓN NOS AYUDA A MITIGAR EL RIESGO Y A TRANSFORMAR NUESTRA SOCIEDAD Y LA ECONOMÍA

En los últimos años, los signos físicos del cambio climático se han acelerado a un ritmo preocupante. Según la ONU, el 2019 ha sido el segundo año más cálido desde que se iniciaron los registros, lo que pone a nuestro planeta en vías de alcanzar temperaturas nunca antes vistas.

En la actualidad, el cambio climático está afectando la vida y medios de subsistencia de las personas en todos los continentes. Desde graves fenómenos meteorológicos hasta cambios de estación y aumento del nivel del mar, nadie puede escapar de los dramáticos impactos generados por el calentamiento del planeta.

Cada año se añaden a la atmósfera 51.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero y si queremos detener el cambio climático, esta cifra debe reducirse a cero.

Los acontecimientos de 2020 han puesto en manifiesto la vulnerabilidad de nuestras sociedades y economías, creando una corriente de apoyo para que los modelos empresariales se construyan en torno a principios basados en la solidaridad, la responsabilidad y la cooperación. Desde la reducción de los residuos en las cadenas de suministro hasta la detención de la deforestación o la reducción de las emisiones en los procesos de  fabricación, son muchos los indicios que demuestran que la transición hacia un futuro más sostenible es posible.

En su libro, titulado Cómo Evitar una Catástrofe Climática, el cofundador de Microsoft y filántropo Bill Gates aboga por un «milagro energético» que, en su opinión, permitirá desvincular el desarrollo económico de la degradación medioambiental.

Pide un aumento del uso de energías renovables frente a los combustibles fósiles (lo que supondría aproximadamente el 27% de la reducción de las emisiones), un cambio en la forma de fabricar nuestros productos (31%), un replanteamiento de la forma de cultivar nuestros alimentos (18%), una revisión de los viajes y el transporte (16%) y un nuevo enfoque en las tecnologías de calefacción y refrigeración (6%).

La innovación ya está en curso: por ejemplo, la transición de los combustibles fósiles productores de gases de efecto invernadero hacia las energías limpias es una realidad en todo el mundo, con reducciones sorprendentes en los precios de las energías renovables, el almacenamiento en baterías, la monitorización por teledetección, las redes inteligentes y las nuevas estructuras financieras que le permiten al sector privado encargarse de la ecologización de su consumo energético.

Un ejemplo de ello es el gigante estadounidense de la ciencia de los materiales Dow. Al igual que la mayoría de las empresas industriales, Dow lleva mucho tiempo tratando de reducir el impacto ambiental y los costos de las actividades que requieren un alto consumo energético. Su posición de liderazgo como proveedor de productos químicos, plásticos, fibras sintéticas y productos agrícolas, lo posicionan como uno de los mayores consumidores de energía industrial en el mundo.

En el pasado, Dow utilizaba la energía de la red y los combustibles fósiles para alimentar sus plantas, pero ha empezado a replantearse su cartera energética, fijándose el ambicioso objetivo de satisfacer 750 MW de su demanda de energía con energías renovables para 2025, y lograr la neutralidad del carbono para 2050.

Para ayudar a alcanzar este ambicioso objetivo, Dow se asoció con Atlas para suministrar energía limpia a su complejo de Aratu en Brasil, la planta de fabricación más grande de Dow en el país.

Este innovador acuerdo no sólo evita aproximadamente 35.000 toneladas métricas de emisiones de CO2 al año, el equivalente a retirar unos 36.800 automóviles de las calles de São Paulo, sino que sienta las bases para que el resto de la industria química aproveche las ventajas de las energías renovables para alcanzar los objetivos de mitigación del cambio climático.

INCLUSO DURANTE UNA PANDEMIA, LA CRISIS CLIMÁTICA SEGUÍA SIENDO LO MÁS IMPORTANTE

El acuerdo de Dow se firmó en medio de las turbulencias y la agitación del 2020, y no es un caso atípico. Aunque las empresas luchaban con los impactos por las restricciones de movilidad, las interrupciones de la cadena de suministro y la caída de la demanda causada por la pandemia, siguieron dando prioridad a la sostenibilidad y el rendimiento medioambiental.

En mayo de 2020, 155 empresas, con una capitalización bursátil combinada de más de 2.4 billones de dólares, firmaron una declaración en la que instaban a los gobiernos de todo el mundo a alinear sus esfuerzos de recuperación y ayuda del COVID-19 a la ciencia climática actual.

En julio, Microsoft, junto con AP Moeller-Maersk, Danone, Mercedes-Benz, Natura & Co., Nike, Starbucks, Unilever y Wipro, creó la iniciativa Transform to Net Zero, en la que la empresa tecnológica se compromete a desarrollar una cartera de 500 megavatios de proyectos de energía solar en comunidades con pocos recursos de Estados Unidos. 

Por su parte, Google se comprometió en septiembre a conseguir un 100% de energía renovable para 2030, mientras que el recién lanzado Programa de Energía Limpia para Proveedores de Apple ha hecho que 71 socios de fabricación de 17 países se comprometan a utilizar un 100% de energía renovable en la producción del gigante tecnológico, cambiando la electricidad utilizada en toda su cadena de suministro de fabricación por fuentes limpias para 2030.

Según recientes encuestas de Gallup, la preocupación por el cambio climático ha aumentado en el último año, lo que demuestra que hay un fuerte apoyo del público frente a las iniciativas que ayuden a detenerlo.

Todos los países del mundo han adoptado ya el Acuerdo de París, cuyo compromiso es limitar el calentamiento global por debajo de 1.5 °C respecto a los niveles preindustriales. Desde entonces, los gobiernos y las empresas de todo el mundo se han fijado ambiciosos objetivos de reducción de emisiones. Tras ser aplazada un año debido a la pandemia, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021, también conocida como COP26, se celebrará en noviembre y con 70 países ya comprometidos con las emisiones netas de carbono cero, representa la mejor oportunidad para avanzar en los próximos años.

LOS INFRACTORES DEL CLIMA SE ENFRENTAN AL PROBLEMA

Con cambios políticos radicales en todo el mundo, se está dando una fuerte respuesta política a la crisis climática. Se espera que Estados Unidos, China y otros países realicen enormes inversiones en puestos de trabajo e infraestructuras del sector de las energías limpias para descarbonizar la economía, al tiempo que se eliminen las subvenciones a los combustibles contaminantes. 

La sostenibilidad ha dejado de ser un complemento y ahora suenan las alarmas sobre las posibles implicaciones financieras y económicas si no se acelera el progreso.

Un reciente informe de la Universidad de Cambridge señala que las pérdidas derivadas de los peligros relacionados con el clima ascienden ya a unos 180.000 millones de dólares anuales y seguirán aumentando a menos que los inversionistas, prestamistas, aseguradores y responsables políticos realicen importantes esfuerzos en la gestión del riesgo.

A medida que la buena voluntad pública y política hacia los contaminadores se desvanece, se ha producido una explosión de litigios sobre el clima contra las empresas que consumen muchos combustibles fósiles, o «grandes emisoras de carbono», en un esfuerzo por hacerlas responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Está claro que sólo reduciendo las emisiones de energía las empresas van a poder minimizar su huella de carbono y esto es algo en lo que cada vez más líderes empresariales están empezando a pensar seriamente.

LA PRIMA VERDE ESTÁ ALCANZANDO UN PUNTO DE INFLEXIÓN

Uno de los argumentos más conocidos contra la ecologización de la economía es el costo. Bill Gates lo denomina «prima verde», es decir, la diferencia de costo entre un producto que implica la emisión de carbono y una alternativa que no lo hace.

Ahora que las nuevas energías renovables son más accesibles que los combustibles fósiles existentes en la mayoría de los casos, la prima verde ya no es una barrera, como explica Gates.

Incluso en los mercados más complicados, estamos viendo la demanda de los clientes corporativos, que quieren saber cómo acceder a la energía limpia y asegurar la estabilidad de los precios a largo plazo. Aunque aún queda mucho por hacer en todo el mundo para superar el obstáculo de la prima verde, todo indica que las energías renovables ya han recorrido un largo camino para conseguirlo.

NO PODEMOS SER COMPLACIENTES

Aunque creemos que hay espacio para el optimismo, no hay forma posible de minimizar la amenaza existencial de un desastre climático. Pero lo que sí vemos son una serie de acciones positivas procedentes de los sectores público y privado, que creemos que deben escalarse rápidamente para cambiar el rumbo de los niveles de emisiones en la atmósfera.

Los expertos tienen razón en lo que respecta al cambio climático, pero las peores predicciones no tienen por qué convertirse en algo inevitable. Se pueden poner en marcha los cambios políticos, de mercado y tecnológicos para la transición a un mundo con cero emisiones. Lo que nos corresponde hacer es volverlo realidad.