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No hay duda de que la primera mitad de 2020 no resultó como se había planeado. Sin embargo, mientras la actual situación económica  mundial ha puesto en tensión a la mayoría de las industrias, el precio bajo de la energía le brinda a los grandes consumidores corporativos una oportunidad sin precedente para mantener sus costos reducidos, apuntalar su modelo de negocio y protegerse frente a las incertidumbres. Aquí se explica por qué.

Controlar los costos

El impacto financiero de la covid-19 sobre las empresas de América Latina ha sido amplio y profundo. Las acciones de las empresas latinoamericanas cayeron 35%[1] en los primeros seis meses de 2020, comparado con una pérdida de 10,4%[2] en todos los mercados emergentes.

Con tanta incertidumbre aún por delante, una planeación a largo plazo es casi imposible. Pero controlar los costos de la energía puede ser un medio para liberar capital de trabajo, fortalecer el balance general y ganar visibilidad a largo plazo.

Esta es la primera vez en la historia reciente que el precio de la energía es tan favorable, y nadie puede predecir cuánto durará así. En la mayoría de los mercados de América Latina, la energía renovable es competitiva frente a las energías convencionales, y en muchos casos hasta más económica. Los grandes consumidores de energía tienen hoy una oportunidad sin precedente para negociar los mejores acuerdos de largo plazo y no pueden darse el lujo de perder esta oportunidad.

¿Por qué las energías renovables?

Recientemente hemos visto la velocidad y la escala de lo que pueden alcanzar los movimientos sociales en todo el mundo, y cómo los consumidores “votan” con sus bolsillos para recompensar a los actores responsables. El activismo medioambiental no es diferente. Las empresas que reconocen esto y transforman sus modelos de negocio para alejarlos de las fuentes energéticas contaminantes aseguran su futuro, responden a sus consumidores y adaptan su estrategia, abastecimiento y logística al mundo del mañana.

En los mercados financieros se desarrolla una creciente tendencia que favorece a las compañías con sólidas políticas ambientales, mientras que las que no las tienen encuentran menos financiamiento, o más caro. Por ejemplo, BlackRock, la empresa de gestión de activos más grande del mundo, afirmó en enero que retirará sus inversiones de aquellos activos con grandes riesgos medioambientales. Y este es solo el comienzo.

Mientras las calificadoras de riesgo Fitch y S&P Global Ratings reportan que las condiciones crediticias en América Latina empeoran en medio de la pandemia, las industrias intensivas en energía de la región buscan mejorar su gestión energética para protegerse de la tormenta en los mercados financieros. Una manera de hacerlo es tomar internamente las decisiones en torno a la compra de energía, para controlar los atributos del producto y de los servicios que adquieren.

En efecto, para muchas empresas tener una sólida estrategia energética se ha convertido en algo tan importante como tener la mejor estrategia financiera. Tanto consumidores como accionistas quieren pruebas de las credenciales ambientales de las empresas, tales como si las energías renovables han sustituido a las fuentes tradicionales, o si su energía proviene de un proveedor con relaciones armoniosas con las comunidades y con una estrategia social. Todos estos factores pueden ser controlados si la compra de energía se hace internamente.

Asociarse para el bien

La buena noticia es que los grandes consumidores corporativos no necesitan construir sus propias plantas de energía renovable para acceder a tales beneficios. Con los contratos de compra de energía (PPA), los consumidores corporativos de América Latina pueden tomar las mejores decisiones de abastecimiento energético con la ayuda de un socio competente. Esta es la oportunidad perfecta para reducir riesgos, sean los de una reacción adversa de clientes y mercados financieros en relación con el suministro de energía, o los inherentes a la ejecución de un proyecto de generación de energía renovable.

Los proyectos de energía renovable son  rápidos y relativamente simples de ejecutar y tienen una modularidad que les permite adaptarse al tamaño del comprador corporativo de energía. Más aún, el comprador puede aprovecharlos para demostrar sus compromisos sustentables y dar señales tanto a clientes como a inversionistas de que están en el lado correcto de la ecuación climática.

Las industrias intensivas en energía: el corazón de la economía latinoamericana

En América Latina, un continente rico en recursos, las industrias extractivas y químicas son grandes consumidoras de energía y su actividad representa una importante proporción de la economía y las exportaciones.

Pero las grandes empresas mineras y químicas no son las únicas que pueden sacar ventajas de la situación actual. En América Latina hay un amplio espectro de grandes consumidores de energía, desde los agro negocios hasta la industria farmacéutica y de la salud, el procesamiento de recursos minerales, la desalinización de agua, el sector tecnológico e incluso los minoristas. Las grandes empresas internacionales que operan en Chile, Perú, Brasil y México se han movido pronto en este respecto, desde la minera británica Anglo American hasta la multinacional Dow.

Se ha abierto una ventana de oportunidad para transitar de las energías convencionales a las renovables. Es difícil saber cuánto durará esta recesión, cuán pronto llegará la recuperación y, más importante aún, qué otros hechos imprevistos pueden forzar los costos de la energía en la dirección opuesta.

Si estos últimos meses nos han enseñado algo es que en los modelos de simulación de riesgos deben incluirse los factores más extremos. Los contratos de compra de energía renovable son una herramienta clave para que los negocios intensivos en energía resistan en los tiempos que seguirán a la pandemia. Esos contratos no solo ofrecen precios atractivos y a largo plazo, sino que permiten que las compañías se pongan en sintonía con las expectativas de los consumidores.

FUENTES

https://www.iea.org/reports/renewable-energy-market-update/challenges-and-opportunities-beyond-2021
https://gwec.net/gwec-and-olade-team-up-to-drive-the-energy-transition-in-latin-america/
https://www.gartner.com/smarterwithgartner/9-future-of-work-trends-post-covid-19/

[1]  Fonte: Reuters MSCI https://www.reuters.com/article/emerging-markets-latam/emerging-markets-latam-fx-stocks-fall-on-spike-in-virus-cases-dour-growth-forecast-idUSL1N2E11WA
[2] Fonte: Hargreaves Lansdown https://www.hl.co.uk/news/articles/how-are-stock-markets-in-latin-america-coping-with-coronavirus-turbulence

El sector de las energías renovables de América Latina se encamina hacia los 239 gigavatios de capacidad instalada de energía eólica y solar en el año 2040, un hecho que demuestra el enorme potencial del sector como oportunidad de inversión. En este artículo echamos un vistazo a las principales oportunidades del mercado privado de las energías renovables, y evaluamos algunas de sus incertidumbres.

En todo el mundo, el apoyo a las viejas industrias contaminantes se ha desvanecido, mientras que la energía limpia y verde ha ganado popularidad. En lo que respecta a los combustibles fósiles, estos experimentan un rápido declive y el sector de la energía convencional se desempeña consistentemente por debajo del índice S&P 500. Una reciente investigación muestra que las energías renovables supondrán 77% de las inversiones en nueva generación energética que se harán hasta 2050.

América Latina, la región con más abundancia de recursos solares y eólicos del mundo, está destinada a desempeñar un papel fundamental en la transición energética, y varias tendencias señalan que es ahora el momento adecuado para invertir en el sector.

Factores económicos

A diferencia de las economías de Estados Unidos y Europa, en donde el mercado de electricidad convencional está estancado o en retroceso, la clase media de América Latina se ha expandido durante la última década, tanto en cifras absolutas como en porcentaje de los hogares; esto ha aumentado las necesidades energéticas. La demanda latinoamericana de energía crece año a año: por un lado, la movilidad social permite que la gente compre electrodomésticos y, en general, lleve un estándar de vida más moderno, lo que implica un mayor consumo de energía; por otro, en muchos países latinoamericanos se expanden las operaciones de las industrias intensivas en consumo energético.

Creemos que esta creciente demanda será mejor atendida por las energías renovables. Primero, por sus costos: a diferencia de otras regiones del mundo, los costos de la energía renovable en América Latina son competitivos en relación con los de cualquier nueva capacidad de generación térmica que se agregue, aun sin subsidios. La reducción masiva de sus costos en la última década es una de las principales razones por las que las energías renovables transforman rápidamente la mezcla de electricidad de la región.

Pero las renovables no solo atenderán la demanda energética del futuro. En muchos mercados, los costos competitivos de la energía renovable pueden socavar los activos termoeléctricos ya operativos. Esto abre la oportunidad para reemplazar esos activos por inversiones en energía renovable, algo que ya ocurre en Chile, que lleva a cabo un plan para descarbonizar su matriz energética, que prevé completar en 2040. Otros países seguramente seguirán a Chile; es solo cuestión de tiempo.

La estructura de las economías latinoamericanas es también un importante factor. Los países latinoamericanos se encuentran entre los más importantes exportadores de recursos naturales del mundo; por lo tanto, buena parte de su bienestar depende de las compañías petroleras y mineras y de sus clientes. Este sector industrial se encuentra muy presionado para que reduzca sus emisiones de carbono y sea cada vez más amigable con el medioambiente. Como resultado, para esas empresas la compra de energía renovable se ha convertido en parte importante de su estrategia.

Pero no son solo las empresas exportadoras de recursos naturales. Compañías multinacionales con fuerte presencia en América Latina —desde el sector tecnológico, con sus centros de almacenamiento de datos, hasta marcas de consumo masivo, conglomerados químicos, empresas manufactureras, compañías automotrices y grandes minoristas—, están cambiando su matriz de consumo energético para atender las presiones de sus consumidores y accionistas de ser más “verdes”.

Proyectos que avanzan

Como en todo panorama, hay algunas incertidumbres.

El papel de los gobiernos sigue siendo esencial en el desarrollo del sector de las energías renovables. En este sentido, ciertas señales —como el aplazamiento de las subastas de electricidad en Brasil y Chile, o los recientes obstáculos regulatorios en México que limitan la operación de nuevas plantas renovables— han demostrado la importancia de conocer profundamente la situación cuando se trata de considerar participar en el mercado.

Mientras tanto, la covid-19 ha afectado gravemente el crecimiento económico mundial, y América Latina no es la excepción. El momento y el ritmo de la recuperación son aún inciertos; sin embargo, creemos que la pandemia tiene el potencial de cambiar la prioridad de las políticas públicas, y que la energía renovable tendrá un papel clave en la recuperación económica de la región después de la crisis.

A pesar de los desafíos globales, los proyectos de energía renovable siguen adelante. Desde una perspectiva global, cuando se analiza la planificación hasta 2025, casi un tercio de los proyectos eólicos y solares están contratados o financiados, de acuerdo con el más reciente reporte de la Agencia Internacional de Energía.

Hay otra tendencia que comienza a advertirse en América Latina y que refuerza nuestra convicción de que la recuperación económica se basará en las energías renovables. Así como la pandemia ha hecho que los planificadores de políticas públicas y los inversionistas se concentren en los asuntos de sostenibilidad, en el sector privado hay un creciente número de reportes que alertan sobre los riesgos financieros que se derivan del cambio climático.

En Chile, por ejemplo, los inversionistas institucionales y la Bolsa de Valores de Santiago han comenzado a poner en práctica los principios dispuestos por el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD, por sus siglas en inglés), una iniciativa del Consejo para la Estabilidad Financiera, organismo internacional que evalúa el sistema financiero global. Creemos que pasos como la adopción de los principios del TCFD incentivarán a un cada vez mayor grupo de fondos a invertir en proyectos verdes, como los de energías solar y eólica.

Un creciente interés en la seguridad

Es posible que la recesión causada por la pandemia sea profunda y duradera. Ante este panorama, la inversión en energías limpias es vista cada vez más no solo como un medio para reducir la contaminación, sino para protegerse contra riesgos y contra la obsolescencia de activos como consecuencia de las presiones pro ambientalistas.

Para los inversionistas, la energía renovable se parece mucho a la inversión inmobiliaria: los mayores costos son en el equipamiento inicial, pero una vez que el proyecto está listo, es un activo estable con pocas partes móviles, bajos costos operativos y un flujo de ingresos muy extenso en el tiempo equiparable a una pensión o a un seguro.

Si el proyecto se combina con un acuerdo de compra de energía, la estabilidad de los beneficios es más evidente. Estos contratos aseguran ingresos por una parte significativa de la vida del proyecto, y pueden equipararse a ser propietario de un edificio con un contrato de arrendamiento con opción a compra por quince años, que garantiza un ingreso por un tiempo considerable. Mientras tanto, se espera que aumente la demanda de energía renovable, especialmente en América Latina, donde se proyecta que el consumo de electricidad aumentará más de 70% de ahora a 2030, de acuerdo con el Consejo Mundial de la Energía Eólica.

Es poco probable que esta demanda la cubran los combustibles fósiles, particularmente porque las crecientes preocupaciones en torno a las emisiones de carbono y al cambio climático han puesto en duda los proyectos aprobados. Como resultado, esperamos que los inversionistas busquen flujos de ingresos de largo plazo y poco riesgo, y que una creciente cantidad de sus recursos vayan a proyectos de energía renovable.

Un mercado que madura

Las ventajas de América Latina cuando se trata de atraer inversión en energías renovables no han pasado inadvertidas. En años recientes hemos visto cómo la confianza de promotores y financistas internacionales se traduce en proyectos en todo el continente.

Estos actores fueron los pioneros. Desde entonces los han seguido grandes empresas de servicios públicos, que han empezado a cambiar el foco de sus inversiones hacia las energías renovables, después de la que las convencionales comenzaron a perder participación de mercado.

Ahora, cuando las empresas empiezan a suscribir acuerdos de compra de energía, el mercado se ha hecho cada vez más dinámico, particularmente en Brasil, Chile y México. Todavía hay mucho espacio para crecer en otros mercados, como Colombia, e incluso en mercados más consolidados vemos oportunidades a medida que se emplean nuevas tecnologías, desde soluciones de almacenamiento de energía hasta módulos fotovoltaicos bifaciales.

Creemos que el mercado se encuentra todavía en su fase de crecimiento y que ofrece múltiples oportunidades para la inversión; varios estudios respaldan esta idea. De acuerdo con la Agencia Internacional para las Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés), en América Latina habrá, en el año 2050, una capacidad instalada adicional de 132 gigavatios de energía eólica y de 172 gigavatios de energía solar.

Nuestro experimentado equipo de Atlas Renewable Energy está a la vanguardia en el desarrollo y la operación de proyectos de energía limpia en América Latina. Hemos ofrecido a los inversionistas retornos estables y sólidos en Brasil, Uruguay y Chile, y conocemos de primera mano las fortalezas del mercado de energías renovables de América Latina.

Hay en toda la región, como lo hemos señalado en este trabajo, algunas tendencias que nos hacen pensar que la energía renovable es una inversión sólida. Creemos que con los socios correctos y con proyectos cuidadosamente escogidos, inversionistas, financistas y empresas pueden cosechar beneficios del sector durante muchos años. El momento para hacerlo es ahora.

FUENTES

https://www.iea.org/reports/renewable-energy-market-update/challenges-and-opportunities-beyond-2021
https://gwec.net/gwec-and-olade-team-up-to-drive-the-energy-transition-in-latin-america/
https://www.gartner.com/smarterwithgartner/9-future-of-work-trends-post-covid-19/
https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2020/Apr/IRENA_GRO_R06_LAC.pdf?la=en&hash=1493165ED11340CC1F2681321F8D24754F0292C6