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En América Latina las empresas han tomado conciencia de la necesidad de incluir la sostenibilidad en sus actividades. Pero a medida que el cambio climático se acelera, los líderes empresariales comienzan a preguntarse cómo enfrentar este asunto en una escala más grande y con mayor impacto. Creemos que vale la pena tener una conversación al respecto.

El más reciente informe de Perspectivas de la economía mundial, publicado en octubre por el Fondo Monetario Internacional, muestra que estamos en un momento crucial de la historia. A la tasa actual de crecimiento, la temperatura del planeta se incrementará “muy por encima de los niveles seguros establecidos en el Acuerdo de París; por lo tanto, el riesgo de que ocurra un daño catastrófico para el planeta es mayor”, señala el informe, y añade que las oportunidades para alcanzar la meta de cero emisiones de dióxido de carbono en 2050 se agotan rápidamente. En conclusión: hay que actuar ahora.

Las empresas producen y distribuyen casi todo lo que compramos, usamos y desechamos, y por lo tanto son responsables de una gran parte de las emisiones globales de dióxido de carbono. En los últimos años, los negocios en América Latina han comenzado a tomarse en serio la sostenibilidad, y el apoyo mostrado tanto por empleados como por consumidores ha sido alentador.

Sin embargo, creemos que si las empresas no abordan con decisión los factores claves de sus emisiones de dióxido de carbono, la mayor parte de sus esfuerzos no serán significativos.

PRÁCTICAS SOSTENIBLES MÁS ALLÁ DE LA OFICINA

En los últimos años, las prácticas ecológicas se han convertido en parte integral del día a día de las oficinas; así, en América Latina las empresas han adoptado políticas que van desde instalar bombillos ahorradores de energía en sus edificaciones hasta promover alternativas frente a los objetos plásticos de un solo uso. El ideal de la oficina libre de papel se ha arraigado, y los recipientes de reciclaje están en la mayoría de los espacios de trabajo. Al mismo tiempo, un creciente número de empresas impulsan en sus oficinas el empleo de materiales de construcción sostenibles, tales como mobiliario reciclado y alfombras hechas de materiales reciclados. Unas empresas han comenzado a exigir a sus proveedores que empleen prácticas ecológicas en sus procesos de producción; otras han comenzado a promover el desecho seguro de los bienes que producen.

Estos pasos son obviamente positivos. Las compañías que adoptan prácticas ecológicas crean asociaciones de marca positivas entre sus consumidores e inspiran a los empleados a creer en sus empresas. Pero, ¿estas prácticas ecológicas hacen una diferencia sustancial?

LAS EMPRESAS LATINOAMERICANAS QUIEREN HACERLO MEJOR

Cada año, la Evaluación de Sostenibilidad Corporativa, elaborada por la firma S&P Global, pone bajo la lupa la sostenibilidad de las prácticas de 124 empresas de América Latina. Por tercer año consecutivo se ha incrementado la participación de las empresas de la región en esta Evaluación, de 38% de las invitadas en 2018 a 46% en 2019, lo que prueba que un creciente número de ellas están dispuestas a abordar y a mejorar su desempeño sostenible. De hecho, la tasa de participación en América Latina es superior a la tasa mundial, lo que demuestra que hay una tendencia en marcha a que las empresas mejoren sus operaciones.

Sin embargo, el progreso alcanzado por las empresas no es suficiente. La evaluación realizada por S&P toma en cuenta varias dimensiones de la sostenibilidad; en lo que respecta a estrategia climática y medioambiental, las empresas de América Latina están bastante por debajo del promedio mundial. Esto demuestra que, aunque las empresas aún buscan maneras de disminuir sus emisiones, todavía les queda mucho por hacer.

LA ENERGÍA ES IMPORTANTE

Desde el punto de vista de las emisiones, América Latina es diferente de otras regiones, debido a que la mayor parte de sus emisiones de efecto invernadero provienen de la agricultura, más que de la producción y el consumo de energía. Sin embargo, esto va a cambiar rápidamente, a medida que el crecimiento económico y el ascenso de la clase media lleven a un aumento de la demanda energética de al menos 80% en 2040, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo; en tal año, las emisiones causadas por la generación de energía alcanzarán los 2.000 millones de toneladas métricas equivalentes de dióxido de carbono por año.

Para contrarrestar tal situación, se necesitarían cambiar 76.000 millones de bombillos incandescentes por bombillos LED o reciclar 680 millones de toneladas de basura. En este contexto, las iniciativas ecológicas a pequeña escala llevadas a cabo en las oficinas son solo una gota en el océano.

En definitiva, las empresas minimizarán su huella de carbono solo si reducen las emisiones producidas por su consumo energético, y esto es algo sobre lo que cada vez más líderes empresariales están considerando con seriedad.

HACIENDO LA DIFERENCIA

Dado que muchas empresas ya han hecho tanto como pueden para reducir su consumo energético, cambiarse a las energías renovables es la mejor y la más efectiva manera de reducir las emisiones sin comprometer su desempeño y de, a la vez, reducir significativamente otros costos. Si bien puede parecer una tarea abrumadora descubrir cómo aprovechar las energías renovables para alcanzar las metas de reducción de emisiones, la buena noticia es que los líderes empresariales no necesitan ser unos expertos en asuntos energéticos para lograrlo.

En Atlas Renewable Energy nos hemos percatado de que hay un creciente número de empresas comprometidas en reducir significativamente su huella de carbono. No se trata solo de los usuales sospechosos en las industrias más contaminantes: en América Latina, empresas de todos los sectores, desde el comercio minorista hasta las industrias pesadas, saben que necesitan hacer más en términos de sostenibilidad. La región tiene todavía un largo camino por delante, pero creemos que la marea está cambiando, a medida que más líderes empresariales toman conciencia de la necesidad de hacer algo realmente efectivo en materia de sostenibilidad corporativa. ¿Su empresa está lista para dar el próximo paso?

Atlas Renewable Energy y la subsidiaria brasileña Dow —el gigante estadounidense de la industria de la ciencia de los materiales— firmaron recientemente un acuerdo de suministro de energía renovable. Este acuerdo sienta las bases para que las empresas químicas en América Latina logren sus objetivos medioambientales y disminuyan sus costos de energía. En este artículo veremos por qué este acuerdo es tan innovador.

Como muchas empresas industriales, Dow ha buscado desde hace tiempo reducir su impacto medioambiental y su gran consumo energético. El liderazgo de Dow en la producción de insumos químicos, plásticos, fibras sintéticas y productos agrícolas lo hace ser uno de los mayores consumidores industriales de energía.

En el pasado, Dow utilizaba electricidad de la red pública y combustibles fósiles como fuentes de energía, pero a medida que la energía renovable se ha hecho más competitiva y con mayor disponibilidad, ha comenzado a repensar su portafolio energético. En este sentido, se ha fijado una meta ambiciosa: en 2025 obtener 750 megavatios de su demanda energética a partir de energías renovables, y en 2050 alcanzar la neutralidad en la emisión de dióxido de carbono.

Para alcanzar tan ambiciosa meta, Dow se asoció con Atlas para proveer de energía limpia a su complejo Aratu, en Brasil, la instalación industrial de Dow más grande en ese país.

Este novedoso acuerdo no solo evita la emisión de aproximadamente 35.000 toneladas métricas de dióxido de carbono al año (el equivalente a retirar 36.800 vehículos de las calles de São Paulo); también sienta las bases para que el resto de la industria química latinoamericana aproveche los beneficios de la energía renovable para alcanzar las metas de mitigación del cambio climático, al tiempo que garantiza que, por largo plazo, los precios de la energía sean estables.

CREANDO EFICIENCIAS

En virtud del acuerdo de compra de energía por 15 años, proporcionaremos a Dow energía limpia de nuestro proyecto solar Jacaranda de 187 Megavatios, ubicado en el municipio de Juazeiro en el Estado de Bahía. La planta generará 440 Gigavatios al año, lo que es suficiente para suministrar energía a una ciudad de más de 750.000 habitantes; esto le permitirá a Dow acercarse a sus metas de consumo de energía renovable.

Uno de los asuntos clave de la energía solar es su intermitencia: el sol no brilla las 24 horas del día. Como las necesidades de Dow son continuas, Atlas intercambiará energía de Jacaranda con otros proveedores de energía renovable para garantizar una oferta constante. “Empaquetando” nuestra energía solar junto con otras fuentes de energía renovable disponibles en el mercado, le damos a Dow toda la energía renovable que necesita, no solo la que necesita cuando es de día. Es la primera vez que en Brasil se hace esta operación de intercambio y empaquetamiento, lo que abre oportunidades para las compañías que dudaban de utilizar energías renovables debido a su perfil de demanda de electricidad.

Dado que Dow es un gran consumidor de energía, los costos de electricidad suponen una considerable proporción de sus costos fijos; aún el mínimo incremento de costos puede causar un enorme impacto en sus resultados. Para abordar esto, Atlas adoptó una serie de medidas para mejorar la eficiencia.

La primera es la incorporación de módulos bifaciales en la planta, que pueden aumentar la generación de energía hasta en 9% en comparación con los paneles monofaciales equivalentes; esto reduce la cantidad de terreno necesaria para producir la misma cantidad de electricidad. La segunda es la conexión del proyecto a la subestación digital de Atlas, una medida que mejora el control y la confiabilidad y reduce los costos. Pero la eficiencia no termina aquí: también llevamos a cabo una estructura de financiamiento en dólares que creó una cobertura contra los riesgos cambiarios.

HABLANDO EL MISMO IDIOMA

En la selección de un socio para alcanzar sus metas, Dow buscaba a una empresa con la que compartiera valores. Eso es lo que explica que, aparte de la energía limpia y la estrategia de precios favorable que forman parte del Esquema Financiero Ecológico de Atlas (Atlas Green Finance Framework en inglés)—que establece nuestro compromiso para desarrollar proyectos que protejan y preserven el medioambiente—, también incorporamos nuestro característico compromiso social. Así, en la comunidad que rodea a la planta Jacaranda ofrecemos oportunidades que promueven la diversidad y la inclusión en el proceso de contratación para la construcción. Para hacerlo —y hacerlo bien— nos hemos aliado con organizaciones no gubernamentales y con las autoridades locales para que nos ayuden a capacitar a las mujeres de la comunidad en habilidades específicas; además, estimulamos a nuestros contratistas locales a que en sus procesos de contratación de personal den prioridad a quienes pertenezcan a alguna minoría social o étnica.

UN SOCIO CONFIABLE Y CAPAZ

No ha sido fácil lograr todo esto durante este 2020 tan turbulento y agitado. Hemos trabajado duro para asegurar la salud y la seguridad de nuestros trabajadores porque sabemos cuán importante es la energía renovable en la recuperación de la economía latinoamericana después de la covid-19. Como resultado, nuestras capacidades operativas, nuestra ejecución y nuestra velocidad para finalizar los proyectos han seguido siendo óptimas.

Hemos sido capaces de hacer todo esto porque no somos nuevos en la industria de las energías limpias. Ya tenemos cuatro proyectos operativos en Brasil y otros más en el resto de América Latina. Todos han sido entregados a tiempo y ejecutados de acuerdo con el presupuesto previsto, algo que ha mejorado nuestra reputación entre acreedores y socios. En consecuencia, a pesar del difícil entorno económico y financiero, estamos en la posición privilegiada de negociar condiciones de financiamiento favorables que se convierten en ahorros que podemos transferir a nuestros clientes.

EL COMIENZO DE UNA TENDENCIA

La energía renovable en América Latina es ya tan asequible como las energías tradicionales, y hasta más económica. Los acuerdos corporativos de suministro de energía, que aprovechan la innovación financiera, operativa y tecnológica, permiten que los grandes consumidores de energía en la industria química y en otros sectores industriales den un gran paso al frente en la reducción de sus emisiones de dióxido de carbono; también les dan la posibilidad de tener una visión de largo plazo frente a sus costos de energía.

Cada vez más empresas de estas industrias nos consultan, y les seguimos encontrando soluciones competitivas. Ya la industria minera se ha incorporado: desde nuestra planta Casablanca, que proveerá energía limpia al gigante de la minería Anglo American, en Brasil, hasta nuestra planta Javiera en Chile, que ofrece energía a una mina de cobre. Nuestro acuerdo con Dow muestra cuánto se puede alcanzar cuando dos líderes en sus respectivos sectores trabajan juntos. Creemos que este acuerdo traza el camino para que la industria química se una a la revolución energética verde en toda América Latina.

En los últimos años, entre las corporaciones en América Latina ha empezado una transición de largo alcance en materia de sostenibilidad que está creando progresivamente economías más justas e inclusivas.

América Latina soporta una gran parte del cambio climático: en efecto, sufre fenómenos naturales extremos, desde los huracanes en el Caribe a El Niño en las costas del Pacífico, así como el aumento del nivel del mar y el empeoramiento de la calidad del aire.

Pero también es una región en la que se pueden lograr enormes progresos en otros indicadores de sostenibilidad, como la calidad de vida de las comunidades rurales, la igualdad entre los géneros y la participación de las comunidades indígenas y otras minorías en la actividad económica.

En años recientes un creciente número de empresas en toda América Latina han comenzado a atender estos asuntos. En consecuencia, cada vez más compañías en todas las industrias empiezan a adoptar las mejores prácticas medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés). En relación con esta adopción, el IndexAmericas[1], creado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lista las cien empresas más sostenibles de América Latina, de acuerdo con criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo, así como con el desempeño en áreas como igualdad de género y diversidad. Desde su creación, la mayoría de las empresas incluidas en este Índice son multinacionales extranjeras, pero en los últimos tres años el número de compañías latinoamericanas ha aumentado casi 30%, una demostración de que los asuntos de sostenibilidad empresarial están ganando fuerza en la región.

Otro ejemplo de esta creciente tendencia se puede encontrar en el Índice Dow Jones de Sostenibilidad del Mercado Integrado Latinoamericano-Alianza del Pacífico. Este índice evalúa a las empresas de Chile, Colombia, México y Perú que cumplen mejor ciertos objetivos de sostenibilidad que la mayoría de sus pares en sus industrias. Cuando se creó en 2017, solo 42[2] empresas cumplían estos criterios. Hoy ese número ha aumentado a 116[3].

La sostenibilidad es también hoy un asunto cada vez más importante para los inversionistas de América Latina: como en ninguna otra parte en el mundo, son ellos quienes más exigen que las empresas adopten prácticas sociales y medioambientales, de acuerdo con un estudio de Natixis[4]. Sus exigencias se basan en la creencia de que tales prácticas pueden ayudarlos a mejorar sus retornos ajustados al riesgo, así como a alinear sus activos con los valores organizacionales.

Cuando conversamos con nuestros socios en América Latina, nos encontramos con que incorporar las prácticas ESG no es una moda. Tanto empresas como inversionistas buscan alcanzar el triple resultado de éxito social, medioambiental y financiero, y esta tendencia cobra impulso.

NO BASTA CON CAMBIARSE A ENERGÍAS LIMPIAS

Cambiarse a las energías renovables, especialmente en una región con abundante energía solar y eólica como América Latina, es una opción para las empresas que buscan reducir su huella medioambiental. Gracias en gran medida a los esfuerzos gubernamentales para incrementar el uso de las energías renovables, la región ha experimentado sólidos progresos hacia el cumplimiento de los compromisos del Acuerdo de París.

Pero “ser verde” no es igual a ser sostenible. La sostenibilidad es el resultado de tres variables: medioambiental, social y financiera; si una corporación sólo adopta la energía renovable sin atender otros asuntos más amplios, está perdiendo una oportunidad.

Las empresas en América Latina quieren asegurarse de adoptar una solución a largo plazo que no solo les garantice electricidad limpia sin obstaculizar el acceso de otros a los recursos, sino que les permita actuar a favor del bien común. Como resultado, un creciente número de empresas no solo comienzan a explorar las posibilidades de los contratos de compra de energía renovable, sino que comienzan a hacer preguntas tales como cuál es la procedencia de los fondos de los proyectos de energía, cómo está estructurada su fuerza laboral y cómo son las relaciones entre la empresa que desarrolla el proyecto y las comunidades locales.

EL ENFOQUE DE ATLAS

Nuestra experiencia nos ha enseñado que de la sostenibilidad no se obtienen ganancias rápidas. Por eso en Atlas hemos dedicado grandes cantidades de recursos a las prácticas ESG, porque creemos que la verdadera sostenibilidad resulta de las inversiones estratégicas de largo plazo.

La sostenibilidad social es un asunto crucial para Atlas. Cuando trabajamos con las comunidades, nos concentramos en promover el bienestar local. Creemos que relacionarnos con una comunidad no consiste solo en donar campos de fútbol o en distribuir uniformes escolares; es también estar conscientes de que los activos que instalamos serán parte de la comunidad por treinta años y que, si se administran correctamente, pueden ser una oportunidad para crear empleos y generar ingresos. Tomamos en cuenta todo lo que implica generar energía, y nos reconforta saber que nuestra presencia estimula la economía local.

Un ejemplo es el contrato de energía firmado en Brasil en junio de 2020 entre Atlas Renewable Energy y la corporación química Dow. La energía que se proveerá equivaldrá a las necesidades energéticas de una ciudad de 750.000 habitantes, y evitará la emisión de cerca de 35.000 toneladas métricas de CO2 al año. El proyecto incluye un compromiso de inclusión de género y creación de empleos rurales, en el que se capacitará a mujeres de la comunidad de manera que puedan acceder a los empleos ofrecidos por el proyecto. El objetivo es que durante la construcción del proyecto contratemos tres o cuatro veces más mujeres que lo habitual en este tipo de desarrollos; además se espera que 70% de la fuerza laboral provenga de las comunidades locales.

Por otro lado, en nuestra planta Guajiro, en México, nos hemos asociado con The Pale Blue Dot, una organización educativa mexicana que promueve el uso de la tecnología en escuelas y centros comunitarios; el objetivo es proveer acceso a internet y aulas digitales a más de 400 estudiantes de las comunidades locales.

La sostenibilidad financiera es también un elemento clave de la manera en la que hacemos negocios. Trabajamos con socios de la importancia del Fondo de Tecnologías Limpias del Banco Mundial y el Fondo de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo. Además, siempre que sea posible, buscamos tasas de interés favorables, al vincular el financiamiento a nuestro desempeño medioambiental y social.

Ser sostenible es también mitigar los riesgos del proyecto, desde asegurarnos de la transparencia de nuestra cadena de suministro hasta diseñar proyectos rentables que reciban el apoyo de las comunidades en las que operamos. Esto nos permite ayudar a nuestros socios a alcanzar sus objetivos de sostenibilidad, con los beneficios medioambientales, sociales y financieros que requieren.


[1]https://indexamericas.iadb.org/en/Aboutus
[2]http://worldofficeforum.com/wp-content/uploads/2017/11/dow-jones-sustainability-index-mila-constituents.pdf
[3]https://www.spglobal.com/spdji/en/idsenhancedfactsheet/file.pdf?calcFrequency=M&force_download=true&hostIdentifier=48190c8c-42c4-46af-8d1a-0cd5db894797&indexId=91920628
[4]https://www.im.natixis.com/latam/research/latin-america-has-the-greatest-global-demand-for-esg-investments

Llevar adelante un proyecto de energía solar no se trata simplemente de producir electricidad a partir de la luz del sol. Se trata de alcanzar el delicado balance que asegura un óptimo costo nivelado de la energía durante la vida del proyecto, la mejor propuesta de valor y las condiciones financieras ideales. Para alcanzar ese equilibrio los productores de energía solar deben estar a la vanguardia de la innovación en todos los aspectos.

En este sentido hay cuatro maneras de abordar la innovación en el campo de la energía solar. La continua innovación en cada una de estas cuatro áreas es la única forma como los proveedores de energía solar pueden satisfacer tanto a inversionistas como a empresas consumidoras.

INNOVACIÓN TECNOLÓGICA

El primero, y probablemente más obvio, aspecto de la innovación en la industria de la energía solar es la tecnología. Uno de los desarrollos más fascinantes de los años recientes han sido los módulos solares bifaciales, que producen energía por ambas caras. Pero cuando se trata de escoger el mejor módulo, no es suficiente que los productores de energía adopten la última tecnología y esperen que pase lo mejor. No hay duda de que los módulos bifaciales aumentan la producción de energía; pero predecir con exactitud cuánta energía adicional se necesita producir para cubrir los costos de los nuevos módulos requiere investigación y desarrollo por parte del productor de energía, más que solo depender del vendedor de los módulos o de los cálculos de terceros.

En Atlas sabemos por experiencia que en el mundo real hay muchas variables que hay que tener en cuenta. Así que, antes de instalar los módulos bifaciales, construimos nuestro propio laboratorio en una planta de energía y probamos durante un año diferentes tecnologías. Esto nos ha hecho confiar en nuestros módulos y en la cantidad de energía real que pueden producir en un escenario dado. Lo mismo hacemos con los rastreadores y los inversores. Gracias a que ponemos a prueba las tecnologías, podemos ser más eficientes en múltiples variables, algo que no podríamos hacer si solo confiamos en las cifras disponibles en el mercado, especialmente cuando se trata de tecnologías cuya adopción aún no está extendida.

TRANSFORMACIÓN DIGITAL

El mundo de los grandes volúmenes de datos (big data) ya está aquí. En la industria de la energía solar las tecnologías digitales han significado avances, como drones para inspeccionar instalaciones, aprendizaje automático (machine learning) para supervisar plantas y mapas elaborados con datos satelitales.

Como en otras industrias, ser capaz de aprovechar el potencial de la digitalización crea una enorme ventaja competitiva; en este sentido, en Atlas hemos hecho de la digitalización una prioridad.

Un ejemplo es la planta solar Juazeiro, en Brasil. Los grandes proyectos de energía renovable incluyen una subestación que requiere terreno y tiempo para construirla. Al instalar en Juazeiro la primera subestación digital de América Latina empleamos la más avanzada tecnología; pero también incrementamos la productividad, la seguridad y la confiabilidad del suministro. Comparada con una subestación convencional, nuestra subestación digital necesita mucho menos espacio, reduce la cantidad de cable de cobre necesaria y permite una operación más eficiente de la red eléctrica, que incluye su supervisión, evaluación y control[1] .

INNOVACIÓN OPERATIVA

El costo de la energía solar ha disminuido continuamente con el paso del tiempo gracias a las mejoras tecnológicas. Sin embargo, sacar lo mejor de la tecnología para aumentar la confiabilidad del suministro —que al final del día es lo que todo el mundo busca— implica que los productores de energía solar mejoren continuamente su propuesta de valor.

Ofrecer electricidad solo cuando el sol brilla será insuficiente para satisfacer las necesidades de los clientes. Un socio robusto ofrecerá un amplio abanico de soluciones, desde baterías u otras tecnologías de almacenamiento energético hasta redes eléctricas inteligentes que ahorran energía o permiten que los clientes se desconecten de la red cuando lo necesiten.

Con el aprovechamiento de las herramientas operativas, desde sensores hasta inteligencia artificial, Atlas busca continuamente mejoras marginales que mitiguen los riesgos para los clientes, permitan ahorrar y garanticen el suministro de energía.

Nuestro objetivo es ofrecer energía solar de la manera más eficiente posible; esto significa mejorar cada día la forma como hacemos las cosas, desde la operación de los sistemas hasta los métodos de construcción de las plantas.

INNOVACIÓN FINANCIERA Y CONTRACTUAL

Creemos que es importante innovar en la producción y el suministro de energía solar; pero un socio realmente innovador necesita ir más allá.

La estrategia de financiamiento de un productor de energía solar es clave en su manera de llevar a cabo los negocios y en los límites de lo que puede ofrecer. La mayoría de los proyectos de energía solar emplean la tradicional financiación de proyectos que grava el activo en favor de los prestamistas. Aunque esta manera de estructurar el financiamiento es útil en la mayoría de los casos, implica poca flexibilidad, de manera que no es factible combinar diferentes plantas y diferentes compradores, cada uno con su propio contrato de suministro de energía, ni añadir tramos de deuda o proyectos adicionales.

Los productores de energía solar que pueden pensar “fuera de la caja” en lo que respecta al financiamiento pueden disminuir costos, mitigar riesgos y trasladar a sus clientes las ganancias de eficiencia.

En Atlas buscamos continuamente vías para estructurar contratos de suministro más flexibles sin dejar de cumplir nuestros parámetros de riesgo. Dado que empleamos mejores y más complejas prácticas de mitigación de riesgos, podemos diseñar contratos de suministro sólidos y rentables adaptados a las necesidades de nuestros clientes.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE TENER UN SOCIO INNOVADOR?

La innovación se ha convertido en un factor competitivo clave de las empresas en todo el mundo. Una reciente investigación de PwC muestra que, en los últimos tres años, las compañías que innovan han crecido 16% más rápido que aquellas que no lo hacen; y la brecha se ensancha.

En la industria de la energía solar, en la que se manejan contratos de hasta 25 años, escoger un socio sólido, rentable y en crecimiento es fundamental para el éxito de un proyecto. Las compañías más confiables en esta industria son las que mejoran constantemente, pues son las únicas que pueden proveer la confianza necesaria para alcanzar los objetivos establecidos en un contrato de suministro de energía solar.

FUENTES

https://www.energyglobal.com/solar/22082019/atlas-renewable-energy-announces-new-solar-plant-in-brazil/
https://www.pwc.es/es/publicaciones/gestion-empresarial/assets/breakthrough-innovation-growth.pdf
https://www.energyglobal.com/solar/22082019/atlas-renewable-energy-announces-new-solar-plant-in-bra

[1] Source: energygloblal.com

https://www.energyglobal.com/solar/22082019/atlas-renewable-energy-announces-new-solar-plant-in-brazil/

No hay duda de que la primera mitad de 2020 no resultó como se había planeado. Sin embargo, mientras la actual situación económica  mundial ha puesto en tensión a la mayoría de las industrias, el precio bajo de la energía le brinda a los grandes consumidores corporativos una oportunidad sin precedente para mantener sus costos reducidos, apuntalar su modelo de negocio y protegerse frente a las incertidumbres. Aquí se explica por qué.

Controlar los costos

El impacto financiero de la covid-19 sobre las empresas de América Latina ha sido amplio y profundo. Las acciones de las empresas latinoamericanas cayeron 35%[1] en los primeros seis meses de 2020, comparado con una pérdida de 10,4%[2] en todos los mercados emergentes.

Con tanta incertidumbre aún por delante, una planeación a largo plazo es casi imposible. Pero controlar los costos de la energía puede ser un medio para liberar capital de trabajo, fortalecer el balance general y ganar visibilidad a largo plazo.

Esta es la primera vez en la historia reciente que el precio de la energía es tan favorable, y nadie puede predecir cuánto durará así. En la mayoría de los mercados de América Latina, la energía renovable es competitiva frente a las energías convencionales, y en muchos casos hasta más económica. Los grandes consumidores de energía tienen hoy una oportunidad sin precedente para negociar los mejores acuerdos de largo plazo y no pueden darse el lujo de perder esta oportunidad.

¿Por qué las energías renovables?

Recientemente hemos visto la velocidad y la escala de lo que pueden alcanzar los movimientos sociales en todo el mundo, y cómo los consumidores “votan” con sus bolsillos para recompensar a los actores responsables. El activismo medioambiental no es diferente. Las empresas que reconocen esto y transforman sus modelos de negocio para alejarlos de las fuentes energéticas contaminantes aseguran su futuro, responden a sus consumidores y adaptan su estrategia, abastecimiento y logística al mundo del mañana.

En los mercados financieros se desarrolla una creciente tendencia que favorece a las compañías con sólidas políticas ambientales, mientras que las que no las tienen encuentran menos financiamiento, o más caro. Por ejemplo, BlackRock, la empresa de gestión de activos más grande del mundo, afirmó en enero que retirará sus inversiones de aquellos activos con grandes riesgos medioambientales. Y este es solo el comienzo.

Mientras las calificadoras de riesgo Fitch y S&P Global Ratings reportan que las condiciones crediticias en América Latina empeoran en medio de la pandemia, las industrias intensivas en energía de la región buscan mejorar su gestión energética para protegerse de la tormenta en los mercados financieros. Una manera de hacerlo es tomar internamente las decisiones en torno a la compra de energía, para controlar los atributos del producto y de los servicios que adquieren.

En efecto, para muchas empresas tener una sólida estrategia energética se ha convertido en algo tan importante como tener la mejor estrategia financiera. Tanto consumidores como accionistas quieren pruebas de las credenciales ambientales de las empresas, tales como si las energías renovables han sustituido a las fuentes tradicionales, o si su energía proviene de un proveedor con relaciones armoniosas con las comunidades y con una estrategia social. Todos estos factores pueden ser controlados si la compra de energía se hace internamente.

Asociarse para el bien

La buena noticia es que los grandes consumidores corporativos no necesitan construir sus propias plantas de energía renovable para acceder a tales beneficios. Con los contratos de compra de energía (PPA), los consumidores corporativos de América Latina pueden tomar las mejores decisiones de abastecimiento energético con la ayuda de un socio competente. Esta es la oportunidad perfecta para reducir riesgos, sean los de una reacción adversa de clientes y mercados financieros en relación con el suministro de energía, o los inherentes a la ejecución de un proyecto de generación de energía renovable.

Los proyectos de energía renovable son  rápidos y relativamente simples de ejecutar y tienen una modularidad que les permite adaptarse al tamaño del comprador corporativo de energía. Más aún, el comprador puede aprovecharlos para demostrar sus compromisos sustentables y dar señales tanto a clientes como a inversionistas de que están en el lado correcto de la ecuación climática.

Las industrias intensivas en energía: el corazón de la economía latinoamericana

En América Latina, un continente rico en recursos, las industrias extractivas y químicas son grandes consumidoras de energía y su actividad representa una importante proporción de la economía y las exportaciones.

Pero las grandes empresas mineras y químicas no son las únicas que pueden sacar ventajas de la situación actual. En América Latina hay un amplio espectro de grandes consumidores de energía, desde los agro negocios hasta la industria farmacéutica y de la salud, el procesamiento de recursos minerales, la desalinización de agua, el sector tecnológico e incluso los minoristas. Las grandes empresas internacionales que operan en Chile, Perú, Brasil y México se han movido pronto en este respecto, desde la minera británica Anglo American hasta la multinacional Dow.

Se ha abierto una ventana de oportunidad para transitar de las energías convencionales a las renovables. Es difícil saber cuánto durará esta recesión, cuán pronto llegará la recuperación y, más importante aún, qué otros hechos imprevistos pueden forzar los costos de la energía en la dirección opuesta.

Si estos últimos meses nos han enseñado algo es que en los modelos de simulación de riesgos deben incluirse los factores más extremos. Los contratos de compra de energía renovable son una herramienta clave para que los negocios intensivos en energía resistan en los tiempos que seguirán a la pandemia. Esos contratos no solo ofrecen precios atractivos y a largo plazo, sino que permiten que las compañías se pongan en sintonía con las expectativas de los consumidores.

FUENTES

https://www.iea.org/reports/renewable-energy-market-update/challenges-and-opportunities-beyond-2021
https://gwec.net/gwec-and-olade-team-up-to-drive-the-energy-transition-in-latin-america/
https://www.gartner.com/smarterwithgartner/9-future-of-work-trends-post-covid-19/

[1]  Fonte: Reuters MSCI https://www.reuters.com/article/emerging-markets-latam/emerging-markets-latam-fx-stocks-fall-on-spike-in-virus-cases-dour-growth-forecast-idUSL1N2E11WA
[2] Fonte: Hargreaves Lansdown https://www.hl.co.uk/news/articles/how-are-stock-markets-in-latin-america-coping-with-coronavirus-turbulence

El sector de las energías renovables de América Latina se encamina hacia los 239 gigavatios de capacidad instalada de energía eólica y solar en el año 2040, un hecho que demuestra el enorme potencial del sector como oportunidad de inversión. En este artículo echamos un vistazo a las principales oportunidades del mercado privado de las energías renovables, y evaluamos algunas de sus incertidumbres.

En todo el mundo, el apoyo a las viejas industrias contaminantes se ha desvanecido, mientras que la energía limpia y verde ha ganado popularidad. En lo que respecta a los combustibles fósiles, estos experimentan un rápido declive y el sector de la energía convencional se desempeña consistentemente por debajo del índice S&P 500. Una reciente investigación muestra que las energías renovables supondrán 77% de las inversiones en nueva generación energética que se harán hasta 2050.

América Latina, la región con más abundancia de recursos solares y eólicos del mundo, está destinada a desempeñar un papel fundamental en la transición energética, y varias tendencias señalan que es ahora el momento adecuado para invertir en el sector.

Factores económicos

A diferencia de las economías de Estados Unidos y Europa, en donde el mercado de electricidad convencional está estancado o en retroceso, la clase media de América Latina se ha expandido durante la última década, tanto en cifras absolutas como en porcentaje de los hogares; esto ha aumentado las necesidades energéticas. La demanda latinoamericana de energía crece año a año: por un lado, la movilidad social permite que la gente compre electrodomésticos y, en general, lleve un estándar de vida más moderno, lo que implica un mayor consumo de energía; por otro, en muchos países latinoamericanos se expanden las operaciones de las industrias intensivas en consumo energético.

Creemos que esta creciente demanda será mejor atendida por las energías renovables. Primero, por sus costos: a diferencia de otras regiones del mundo, los costos de la energía renovable en América Latina son competitivos en relación con los de cualquier nueva capacidad de generación térmica que se agregue, aun sin subsidios. La reducción masiva de sus costos en la última década es una de las principales razones por las que las energías renovables transforman rápidamente la mezcla de electricidad de la región.

Pero las renovables no solo atenderán la demanda energética del futuro. En muchos mercados, los costos competitivos de la energía renovable pueden socavar los activos termoeléctricos ya operativos. Esto abre la oportunidad para reemplazar esos activos por inversiones en energía renovable, algo que ya ocurre en Chile, que lleva a cabo un plan para descarbonizar su matriz energética, que prevé completar en 2040. Otros países seguramente seguirán a Chile; es solo cuestión de tiempo.

La estructura de las economías latinoamericanas es también un importante factor. Los países latinoamericanos se encuentran entre los más importantes exportadores de recursos naturales del mundo; por lo tanto, buena parte de su bienestar depende de las compañías petroleras y mineras y de sus clientes. Este sector industrial se encuentra muy presionado para que reduzca sus emisiones de carbono y sea cada vez más amigable con el medioambiente. Como resultado, para esas empresas la compra de energía renovable se ha convertido en parte importante de su estrategia.

Pero no son solo las empresas exportadoras de recursos naturales. Compañías multinacionales con fuerte presencia en América Latina —desde el sector tecnológico, con sus centros de almacenamiento de datos, hasta marcas de consumo masivo, conglomerados químicos, empresas manufactureras, compañías automotrices y grandes minoristas—, están cambiando su matriz de consumo energético para atender las presiones de sus consumidores y accionistas de ser más “verdes”.

Proyectos que avanzan

Como en todo panorama, hay algunas incertidumbres.

El papel de los gobiernos sigue siendo esencial en el desarrollo del sector de las energías renovables. En este sentido, ciertas señales —como el aplazamiento de las subastas de electricidad en Brasil y Chile, o los recientes obstáculos regulatorios en México que limitan la operación de nuevas plantas renovables— han demostrado la importancia de conocer profundamente la situación cuando se trata de considerar participar en el mercado.

Mientras tanto, la covid-19 ha afectado gravemente el crecimiento económico mundial, y América Latina no es la excepción. El momento y el ritmo de la recuperación son aún inciertos; sin embargo, creemos que la pandemia tiene el potencial de cambiar la prioridad de las políticas públicas, y que la energía renovable tendrá un papel clave en la recuperación económica de la región después de la crisis.

A pesar de los desafíos globales, los proyectos de energía renovable siguen adelante. Desde una perspectiva global, cuando se analiza la planificación hasta 2025, casi un tercio de los proyectos eólicos y solares están contratados o financiados, de acuerdo con el más reciente reporte de la Agencia Internacional de Energía.

Hay otra tendencia que comienza a advertirse en América Latina y que refuerza nuestra convicción de que la recuperación económica se basará en las energías renovables. Así como la pandemia ha hecho que los planificadores de políticas públicas y los inversionistas se concentren en los asuntos de sostenibilidad, en el sector privado hay un creciente número de reportes que alertan sobre los riesgos financieros que se derivan del cambio climático.

En Chile, por ejemplo, los inversionistas institucionales y la Bolsa de Valores de Santiago han comenzado a poner en práctica los principios dispuestos por el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD, por sus siglas en inglés), una iniciativa del Consejo para la Estabilidad Financiera, organismo internacional que evalúa el sistema financiero global. Creemos que pasos como la adopción de los principios del TCFD incentivarán a un cada vez mayor grupo de fondos a invertir en proyectos verdes, como los de energías solar y eólica.

Un creciente interés en la seguridad

Es posible que la recesión causada por la pandemia sea profunda y duradera. Ante este panorama, la inversión en energías limpias es vista cada vez más no solo como un medio para reducir la contaminación, sino para protegerse contra riesgos y contra la obsolescencia de activos como consecuencia de las presiones pro ambientalistas.

Para los inversionistas, la energía renovable se parece mucho a la inversión inmobiliaria: los mayores costos son en el equipamiento inicial, pero una vez que el proyecto está listo, es un activo estable con pocas partes móviles, bajos costos operativos y un flujo de ingresos muy extenso en el tiempo equiparable a una pensión o a un seguro.

Si el proyecto se combina con un acuerdo de compra de energía, la estabilidad de los beneficios es más evidente. Estos contratos aseguran ingresos por una parte significativa de la vida del proyecto, y pueden equipararse a ser propietario de un edificio con un contrato de arrendamiento con opción a compra por quince años, que garantiza un ingreso por un tiempo considerable. Mientras tanto, se espera que aumente la demanda de energía renovable, especialmente en América Latina, donde se proyecta que el consumo de electricidad aumentará más de 70% de ahora a 2030, de acuerdo con el Consejo Mundial de la Energía Eólica.

Es poco probable que esta demanda la cubran los combustibles fósiles, particularmente porque las crecientes preocupaciones en torno a las emisiones de carbono y al cambio climático han puesto en duda los proyectos aprobados. Como resultado, esperamos que los inversionistas busquen flujos de ingresos de largo plazo y poco riesgo, y que una creciente cantidad de sus recursos vayan a proyectos de energía renovable.

Un mercado que madura

Las ventajas de América Latina cuando se trata de atraer inversión en energías renovables no han pasado inadvertidas. En años recientes hemos visto cómo la confianza de promotores y financistas internacionales se traduce en proyectos en todo el continente.

Estos actores fueron los pioneros. Desde entonces los han seguido grandes empresas de servicios públicos, que han empezado a cambiar el foco de sus inversiones hacia las energías renovables, después de la que las convencionales comenzaron a perder participación de mercado.

Ahora, cuando las empresas empiezan a suscribir acuerdos de compra de energía, el mercado se ha hecho cada vez más dinámico, particularmente en Brasil, Chile y México. Todavía hay mucho espacio para crecer en otros mercados, como Colombia, e incluso en mercados más consolidados vemos oportunidades a medida que se emplean nuevas tecnologías, desde soluciones de almacenamiento de energía hasta módulos fotovoltaicos bifaciales.

Creemos que el mercado se encuentra todavía en su fase de crecimiento y que ofrece múltiples oportunidades para la inversión; varios estudios respaldan esta idea. De acuerdo con la Agencia Internacional para las Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés), en América Latina habrá, en el año 2050, una capacidad instalada adicional de 132 gigavatios de energía eólica y de 172 gigavatios de energía solar.

Nuestro experimentado equipo de Atlas Renewable Energy está a la vanguardia en el desarrollo y la operación de proyectos de energía limpia en América Latina. Hemos ofrecido a los inversionistas retornos estables y sólidos en Brasil, Uruguay y Chile, y conocemos de primera mano las fortalezas del mercado de energías renovables de América Latina.

Hay en toda la región, como lo hemos señalado en este trabajo, algunas tendencias que nos hacen pensar que la energía renovable es una inversión sólida. Creemos que con los socios correctos y con proyectos cuidadosamente escogidos, inversionistas, financistas y empresas pueden cosechar beneficios del sector durante muchos años. El momento para hacerlo es ahora.

FUENTES

https://www.iea.org/reports/renewable-energy-market-update/challenges-and-opportunities-beyond-2021
https://gwec.net/gwec-and-olade-team-up-to-drive-the-energy-transition-in-latin-america/
https://www.gartner.com/smarterwithgartner/9-future-of-work-trends-post-covid-19/
https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2020/Apr/IRENA_GRO_R06_LAC.pdf?la=en&hash=1493165ED11340CC1F2681321F8D24754F0292C6